19 de octubre de 2016

EL CHE DE LA UNIVERSIDAD: MUCHO MÁS QUE CAPA SOBRE CAPA DE PINTURA






La Plaza Che de la Universidad Nacional de Colombia debe ser seguramente el lugar más referenciado del campus universitario. Quien transita por este, fácilmente lo identifica no como el centro físico sino social de la comunidad universitaria. El miércoles 19 de Octubre, quienes atravesaron la plaza, se encontraron que el mural del Che que está presente como inscripción y huella de memoria había sido borrado, hecho que había sucedido de manera similar hace unas dos semanas. El vicerrector Jaime Franky en entrevista con Blu Radio aseguró que no fue una orden de la administración de la UN, sino que ocurrió por iniciativa de particulares durante la noche. Para nosotros y nosotras lo importante no radica fundamentalmente en quien llevo a cabo la acción, cuya logística (varios pisos de andamios, rodillos, extensores, pinturas, etc.) escapa desde toda lógica a una iniciativa fortuita e inocente, de la que ni la administración de la UN ni su división de seguridad tenga noticia alguna. Lo que realmente queremos discutir en este artículo es el significado de este hecho, lo que representa, lo que esta atrás y sus posibles consecuencias en la comunidad universitaria. 


Habrá que decir que este debate no es nuevo, la última vez que se posicionó en la agenda fue después del paro nacional de 2011, durante el cual las expresiones diversas de símbolos y la polifonía que encierran fue seguramente la principal de sus características. El éxito de este paro en definitiva fue convertirse en un proceso movilizador del conjunto de los estudiantes y la superación con creces de los límites de las organizaciones estudiantiles de izquierda. De allí parte en ese momento la discusión sobre el Che como símbolo, de la diversidad de perspectivas y enfoques que se encierran en un sujeto colectivo amplio como el estudiantil. La primera premisa que de esto podemos extraer, y que consideramos irrefutable, es que el Che no representa al conjunto de los estudiantes. Que pobre sería el debate de una idea tan obvia, que, no obstante, es el argumento principal de gran parte de las personas y sectores que se manifiestan contrarias a la imagen del revolucionario argentino. 

En efecto, el debate en torno al Che no solo es por el lugar de la plaza en la universidad como espacio, sino por el sector político al que representa. ¿Acaso Santander, López Pumarejo o Sarmiento Angulo nos representan al conjunto de la comunidad universitaria? Suponiendo que no ¿Por qué no se instala entonces un debate siquiera similar en torno al edificio de Diseño Gráfico, el estadio o el de Ciencia y Tecnología? Allí radica lo interesante y lo complejo de esta discusión, pues si escarbamos detrás de una capa y otra de pintura lo que encontramos es el problema del vínculo entre memoria y política. 

La memoria como proceso social es un campo de disputa. De allí que, sin el delirio de ver conspiraciones a diestra y siniestra, hay que advertir que no es inocente el debate en torno a la imagen del Che. La manera como se nombran los lugares, así como los relatos que los acompañan, tienen que ver con el poder, la sensibilidad de una sociedad, sus vínculos, sus preocupaciones, sus anhelos, sus aversiones; de manera particular tiene que ver con la historicidad que atraviesa ese conjunto humano en el momento que debate sobre sus referentes. Por esto, para referirnos a este debate no podemos dejar de atender al principal problema que atraviesa hoy por hoy a nuestro momento histórico: el gran debate nacional entorno a la construcción de la paz. Mucho se ha hablado de la campaña por el “NO” en el plebiscito, y de ello queremos tomar un elemento principal: la idea que relacionaba la victoria del “SI” con la asunción de un proyecto socialista en Colombia, la muy recurrente denuncia de “Le van a entregar el país al castrochavismo”. Hay que señalar que esta hace parte de una serie de consignas que expresan un conjunto de valores profundamente contrarios a la democracia (como la homofobia contra la llamada “ideología de género”) en tanto creemos que el miedo a ser una nueva “Cuba” es una reedición de la proscripción del comunismo llevada a cabo durante la guerra fría. Nos explicamos: Los grandes conflictos de ese tiempo estuvieron marcados por el despliegue de “la lucha contra el comunismo”, proceso eminentemente violento que se llevó por delante gobiernos democráticamente electos como el de Jacobo Arbenz y Salvador Allende (entre otros). Gran parte de lo que serían las guerrillas latinoamericanas se constituyeron en medio de dictaduras, como consecuencia de la violencia contra comunidades campesinas (Marquetalia para no ir muy lejos) y la persecución a partidos políticos antes en la legalidad. El miedo de hoy al “castrochavismo” ajusta estos valores a nuestro momento histórico: la proscripción de una opción legal de izquierda en la arena política colombiana. 

Dicho esto retomamos, no comulgamos con aquellos y aquellas que suponen posiciones de ultraderecha ante cualquier crítica a la izquierda, muy por el contrario somos un proceso colectivo que se considera receptivo y promotor de la crítica, por tanto no vemos al fantasma de Uribe detrás de cualquier persona que esté en desacuerdo con la imagen del Che. Sin embargo, somos hijos e hijas de nuestro tiempo, y querámoslo o no, nuestras posiciones frente a cualquier debate no pueden escapar al peso de la historia; de ahí que creemos que lo que está presente en la idea de borrar al Che es una expresión de la recomposición hegemónica que permitió a Uribe construir su liderazgo y desarrollar su proyecto bélico, llevándose por delante lo que nos quedaba de democracia y derechos humanos. Durante los últimos 16 años (más que antes), cualquier persona de izquierda era tildada inmediatamente de guerrillera y muchos fueron los proyectos que se adelantaron para “sacar a la guerrilla de las universidades”, lo que sería, siguiendo esta lógica, “sacar a la izquierda de las universidades”. En efecto, creemos que borrar al Che es continuidad de estos proyectos, es borrar ya no solo físicamente, con amenazas y asesinatos, sino incluso simbólicamente todas las huellas que den cuenta de esta opción ideológica en la universidad. Para no dejar duda creemos que el sentimiento “anti-mamerto” que ha cundido la UN en los últimos años es hijo del sentimiento “anti-comunista” que proscribe a la izquierda como opción política. 

En el campo de estudios de la memoria “los límites de lo decible y lo pensable” es un concepto que se usa comúnmente, sirve para pensar cuan dispuesta puede estar una sociedad para cuestionar y hacerse cargo de sus propios horrores. Por ejemplo, en la Argentina de los noventa, los genocidas hoy por hoy presos justificaban sus atrocidades en el horario estelar de la TV, sin embargo a partir de la lucha por verdad, justicia y memoria el “limite” se corrió y difícilmente alguien se puede atrever a tal cosa. En Colombia la izquierda sufrió un genocidio, cuyo referente principal es el exterminio de 5000 militantes de la Unión Patriótica (aunque sus dimensiones sean mayores y abarquen a muchas otras organizaciones), y el movimiento estudiantil hace parte de estas víctimas. “El límite” en nuestro caso es difícil de discutir, cuando a diario, incluso con proceso de paz en marcha, se siguen asesinando líderes sociales de izquierda. Por esto creemos que es fácil proponer borrar al Che, cuando en realidad es tan grave como borrar parte de la memoria de las víctimas de un genocidio que tuvo como único móvil la opción política. Son las víctimas del ayer y del ahora de un ciclo de violencia que no termina de cerrarse, en una universidad que ha puesto muchas víctimas, a la que le siguen amenazando estudiantes, de la que tienen que salir exiliados algunos de sus miembros y, como en el caso de Miguel Ángel Beltrán, pueden ir presos por sus investigaciones. De esto en realidad es de lo que se trata. Fácil es pensar que defender la imagen del Che tiene una motivación solamente nostálgica, muy por el contrario para nosotros y nosotras nada tiene de fácil, pues así como de un día para el otro el Che no está: A LA IZQUIERDA LA SIGUEN EXTERMINANDO.