18 de octubre de 2016

LETRAS REBELDES: Desobediencia





Desobediencia

  


El señor Colombo Uribe empezó a sobresaltarse sobre las 9:10 de la mañana, su asistente personal no había llamado a darle el reporte de los principales acontecimientos del país. Escuchaba en la radio preocupado la opinión de un copartidario sobre el movimiento de tropas rebeldes en un lugar determinado del país, sabía que su opinión iba a ser consultada y quería obtener la confirmación de sus fuentes en terreno para preparar la entrevista de las 9:45.  A las 9:30 salió a la sala del asistente y preguntó sobresaltado por el informe, toda la oficina estaba en pánico, ninguno de su personal de trabajo había recibido informes o llamadas. Con instinto y experiencia afirmó en la entrevista la información de su compañero pero trató de evadir el asunto para darse un aire menos guerrerista. Luego de la entrevista decidió hacer llamadas él mismo, nadie se le negó al teléfono pero no dieron respuestas concretas, por el contrario todos le hacían preguntas, él, como líder del partido debía tomar una decisión, decretó resguardo de entrevistas y declaraciones públicas a todo copartidario durante un día completo. 


Se reunió con su equipo y decidió mandar varios a puntos estratégicos del país, debían fortalecer nuevamente los lazos con la gente que servía de informante en los territorios y reportar la situación del momento, tenían cartera abierta para ofrecer desde posibles cargos en los gobiernos locales hasta dinero en efectivo. El resto del equipo se quedaría en la capital llamando a todo el país si fuera necesario para saber algo sobre algún lugar, Colombo se sentía maniatado dependiendo de las vulgares noticias de los canales televisivos privados y públicos. Organizó una comida en su casa e invito a cuatro de sus más fieles miembros del partido, se ensombreció cuando sus colegas le confesaron que ninguno de sus contactos había reportado, algo estaba interrumpiendo el funcionamiento de la red y los estaban arrinconando.  Apresurado despidió a sus amigos y les pidió mesura en declaraciones y afirmaciones. 

Temeroso de una posible alianza política entre sus detractores decidió viajar personalmente a las regiones, empezaría sin duda en su ciudad natal, su influencia allí era más importante que en la capital. Amaneció el siguiente día volando a su destino y pasó la mañana en su casa hablando con sus asistentes en la capital, les recordaba a todos que nadie debía hablar con los medios y que cualquier información debía él saberla a la brevedad. A sus enviados a campo les había dado hasta medio día, confiaba en el trabajo de su gente, ellos lo sacarían del embrollo y el asunto estaría arreglado, se sentó incluso a pensar en puestos y presupuestos para consolidar su influencia en lugares importantes. A la una en punto recibió la primera llamada, el resultado era impensable, las personas en las fincas, en los bosques, en los ríos, en los lagos, en los caseríos y pueblos no reconocían a los informantes, ningún contacto quiso ni verse ni hablar con los asistentes de Uribe, había una total resistencia. 

Dolido en su ego y a la vez retado por la situación organizó un viaje silencioso a su finca, una enorme casa de campo rodeada por bastantes hectáreas de tierra, a los verdes pastos rodeados de árboles los adornaban vacas y toros de distintos colores. Con un reducido número de su escolta persona llegó a su hacienda, dejo a sus asistentes dicho que volvería en tres días, que debían solo llamarlo durante la mañana cada día. En sus oficinas estaban aterrados, los periodistas presionaban por la opinión del político sobre todo tipo de temas, la ausencia empezó a ser mal vista y se hicieron notas especiales en ediciones de prensa escrita y noticieros televisivos sobre la repentina replegada del político. Separado de cualquier radio o televisión llamó en el estudio de su casa a los verdugos, así los había hecho llamar luego de que financiara su conformación como grupo para estatal de seguridad, su expansión como grupo criminal en vastísimas zonas del país en muchas ocasiones no había dependido de él y en algunas ocasiones se asombraba de lo distorsionada que su idea había llegado a ciertos lugares. La llamada duró poco, acordó una cita cerca de su hacienda y se sentó a esperar la oscuridad. 


Ya sobre las diez de la noche salió en su camioneta acompañado de sus escoltas, sabía que debía llevar las órdenes claras, él quería que fueran intervenidos al menos 10 lugares del país en los próximos  días, la población debía someterse a los verdugos y recomponer los contactos con la personas que él enviara, su autoridad debía nuevamente quedar clara esos lugares, el uso de todos los medios estaba autorizado. Al llegar al sitio diez hombres vestidos de civil lo recibieron anunciándole su total ruptura con su organización criminal, desde el campo no iban a seguir respondiendo a su figura, las armas habían sido escondidas y cada cual volvería a la actividad que mejor le pareciera, cualquiera menos la guerra. Incrédulo se retiró Uribe de la reunión y en su regreso a la finca hizo un par de llamadas, todos los teléfonos lo enviaron a correo de llamadas, llamó a sus copartidarios, a algunos generales, incluso a periodistas y nadie respondió. 

Como evento final Uribe llegó a su hacienda y al no encontrar nadie que le abriera la puerta ni le ofreciera comida o por los menos alguna reverencia se retiró a su estudio a beber una botella de ron, regalo de algún embajador o miembro del clero. Mientras bebía y veía en la televisión como en cada canal ni se mencionaba su nombre ni su partido, ni siquiera su amigos, empezó a sentirse furioso, con algunos tropezones abrió un armario y saco una pistola y un fusil, llamó a sus escoltas pero ninguno vino a su encuentro. Con la botella en la mano se fue hasta el establo a buscar su caballo, iría al pueblo más cercano y mataría a todo el que se negara a reconocer su autoridad.  En un acto de total desobediencia su caballo lo tiró por el frente y le impactó la cara con un fuerte golpe de  mano, Uribe se incorporó como pudo e hizo unos disparos desorientados. Camino alrededor de cuatro quilómetros por su finca hasta que calló vencido  e inconsciente, esa noche llovió y su cuerpo fue tragado por el barro y las hojas, allí murió y a nadie le importó.


POR:  ENKO