17 de febrero de 2014

El Quimbo, negocio chimbo


Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero, hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrios y damos nuestra riquezas por sus espejos con brillos; hoy en pleno siglo XX nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa y los llamamos amigos”
(Fragmento de la canción Maldición de Malinche)

Un momento de reflexión mío. Del lector. Los países europeos pretenden salir de la crisis estafando a América Latina.
Durante el gobierno del muy aclamado ex presidente Álvaro Uribe, uno de sus pilares en su política fue la confianza inversionista, donde se incentivaba al extranjero a “invertir” en Colombia, según él, para mejorar tanto la imagen como la economía del país. Esto dio pie para que el Consejo Nacional de Política Económica y Social (COMPES) en el 2008 definiera la construcción de varias hidroeléctricas en diferentes lugares del país, al mismo tiempo determinó el sistema de financiación y para colmo, cuando la empresa Emgesa, filial de la multinacional española-chilena Endesa y la hidroeléctrica italiana ENEL, presentó su proyecto para la producción y el abastecimiento de energía sobre el rio Magdalena en el Huila, fue autorizada por tiempo indefinido para la construcción de la central hidroeléctrica El Quimbo.
Y como no invertir en el Huila si es uno de los departamentos más ricos en minerales, en los últimos 20 años fueron otorgados 43 títulos mineros en zonas declaradas de importancia ambiental; estos 43 títulos fueron otorgados por la Agencia Nacional de Minería en zonas declaradas de importancia ambiental. Entre enero de 1998 y octubre de 2010, 35 fueron concedidos en zonas de reserva forestal, equivalentes a 3.749 hectáreas, 4 en zonas de parques naturales regionales, equivalentes a 2.950 hectáreas y dos en áreas de humedales que corresponden a 146 hectáreas. Más del 95 por ciento de las solicitudes fueron radicadas por grandes compañías y multinacionales. En zonas de parques naturales regionales, 65.220 hectáreas están dentro de dichas solicitudes.
No son datos lejanos ni ajenos a nosotros, un ejemplo cercano y palpable es el proyecto el Quimbo. Son más de cinco los municipios afectados por la construcción de esta hidroeléctrica, que se financia con la pobreza, el desplazamiento de sus tierras a cientos de campesinos, la violación de los derechos fundamentales, la privación del patrimonio cultural-arqueológico y como si fuera poco el rio magdalena fue desviado pese a la multitud de protestas, considerado como uno de los más importantes del país; pero el gobierno -nada raro- no se pronuncia frente a esta problemática. Se conoce muy bien que si en algún caso las obra del Quimbo se para (lleva un 50% en la construcción) la pérdida del dinero no sería de la transnacional, sino del mismo país, es decir,la plática saldría del bolsillo de cada uno de nosotros.
Los gobernantes se llenan la boca diciendo que el progreso ha llegado al Huila, pues genera más de 3.000 empleos la construcción de la hidroeléctrica, pero los lugareños se resisten teniendo en cuenta la experiencia de Betania, un proyecto lleno de promesas que dejó grandes impactos socio-económicos. Estas repercusiones fueron reconocidas en mayor grado por la población, entre las que se destacaron algunas de gran peso negativo como la alteración del desempleo por perdida de la actividad agropecuaria. Aunque hay más productividad en el área piscícola; la introducción de especies extranjeras como la Tilapia hizo que se desplazaran especies nativas del Magdalena. Son 7.400 las hectáreas inundadas y con ello la inseguridad alimentaría del departamento se ve drásticamente afectada, pues estas tierras pudieron haber sido usadas para cultivos alimentarios alternativos.
Con todo esto la pregunta que mesuscita la creación de las próximas 11 hidroeléctricas planeadas para el rio Magdalena es: energía ¿para qué? Y ¿para quién?, es por ello que es necesario que todo lo acontecido en el campo sea llevado a la ciudad a través de la lucha, las movilizaciones, reclamar y exigir el cumplimiento de los derechos, pues no basta con que estén plasmados en un papel, hay que ponerlos en práctica. Alzar la voz en contra a la detención arbitraria, persecución judicial, criminalización de la protesta social en Colombia y un NO fuerte a los “negocios chimbos” que el gobierno quiere hacer con los recursos naturales. “porque si el campesino no planta, el trabajador de la ciudad no come”.
M. YAQUELINE MONTEALEGRE