2 de febrero de 2016

Inicio de las Cumbres de Paz trae expectativas y deja interrogantes



Luego de la mediática toma al Ministerio de Agricultura y de la presión ejercida con ello por parte de la Cumbre Agraria al gobierno nacional, a través de unas jornadas que prometieron preparar para 2016 un Paro Nacional que supere la protesta agraria de 2013, las distintas organizaciones sociales de la Cumbre discuten desde el pasado 29 de enero sobre la organización de la jornada de protesta.

Durante los días 29 y 30 del primer mes del año, y en la ahora progresista Ibagué, delegaciones de las distintas organizaciones sociales de Cumbre Agraria acudieron a la cita desde el Tolima, Boyacá, Cundinamarca y el Eje Cafetero. Unas 200 personas se encontraron en las discusiones programadas en cinco mesas: i) las garantías para la participación política, los derechos humanos, el derecho internacional humanitario; ii) la participación y los derechos políticos; iii) los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación y las garantías de no repetición; iv) los derechos sociales, territoriales, económicos y culturales y; v) los conflictos territoriales. Pues bien, fueron esos los temas de las mesas, pero ¿qué más viene preparando la Cumbre?

Es patente que este no será un año de guerra y que el calendario electoral no va ser fuerte. En un tiempo así, los movimientos sociales protagonizarán la irrupción en el escenario de la negociación política de la paz. Pareciera que la Cumbre quiere desembocar su plataforma en una Mesa Social para la Paz, que se enuncia desde hace unos meses por sectores de la izquierda social como una plataforma política que reclame para los movimientos sociales la participación sobre las cuestiones y temas que el gobierno nacional no está dispuesto a negociar con los movimientos insurgentes armados, pero que definitivamente tienen parte en el conflicto.

El encuentro de las delegaciones estuvo marcado por un sentimiento unitario. Y aunque muchas de las discusiones en las mesas no tienen oído ni activan la escucha, al menos, y como indicador del cambio de acento para la unidad de la izquierda social, esta vez el tono tanto de las vocerías políticas de las organizaciones de la Cumbre, como la mayoría de las voces de sus delegados, no fue persuasivo y la discusión resultó mucho más concreta para la definición táctica de este año.

Esta primera Cumbre de Paz, de una serie de 17, trazó para el mediano plazo una estrategia constituyente que permita refrendar jurídicamente una nueva situación política para quienes contradecimos a los gobiernos, al Estado, a las doctrinas rígidas y unívocas de la sociedad, a la economía capitalista de mercado, industria y superconsumo, y a la ley injusta de la desigualdad. Una Asamblea Nacional Constituyente o Proceso Constituyente es, entonces, el mecanismo de disputa con el Estado para darle vía de acción a ese nuevo pacto esperado entre clases y sectores de la sociedad colombiana.

Pero todo ejercicio constituyente implica uno destituyente, y un paro por fuerte que sea desde el campo, requiere de la participación activa de las urbes; al menos de las tres o cinco principales del país. El tono destituyente requiere de un impulso ciudadano que aún está por conformarse como bloque de acción social capaz de emplazar al gobierno y al régimen político, y si bien las acciones desencadenadas desde el pasado 24 de enero tienen como atributo fuerte un carácter antipolítico, aún falta que madure más la protesta ciudadana y se encamine en proyectos comunes de ciudad y de país.

Se requiere, pues, de un proyecto común de país que se junte por la defensa de los bienes comunes, por el trabajo decente, el respeto a la ciudadanía y la participación activa en la vida pública; por la democracia real, por otra democracia que será posible con el esfuerzo de las mayorías hoy excluidas. Democracia territorial, directa, económica, asamblearia, rotativa y profunda; enraizada en la esperanza de ese esfuerzo común. Pero también por la soberanía y las autonomías alimentarias de toda la población, la justa, digna y equitativa distribución del agua y la energía; por el acceso no mercantil a la salud, a la educación, al transporte y a la cultura. En general, por un país para los de abajo, sin aristócratas de ningún color ni caudillos del ímpetu. Se requiere una sensibilidad también común, dispuesta a la escucha activa sin miedo y con franqueza, para que las contradicciones establezcan espacios comunes de disputa como atributo fundamental del diálogo político entre la sociedad y el Estado, y para que los conflictos no sean agónicos ni fijados con la ley del mas rico.

Los conflictos territoriales con el Estado y entre comunidades que se agrupan en la plataforma agraria, campesina, étnica y popular, son el punto sobre el que mayor debate recae, justamente en el momento en que el presidente Santos sanciona la ley ZIDRE en el municipio de Orocué, al suroriente del Casanare. La ley permite el desarrollo de políticas públicas destinadas a fortalecer la agroindustria y, con ello, el gobierno marca una frontera territorial entre, por un lado, un modelo de desarrollo y producción de la riqueza social destinado a promover condiciones para la proletarización del campo y, por el otro, múltiples -pero pequeños- modelos de producción, territorialidad y uso de los suelos de eficiente producción agrícola, de cultura y organización social con respetuosas relaciones ecológicas, sociales y políticas hacia la flora, la fauna, el agua y el territorio, y cuya producción bien pudiera potenciarse para la soberanía y las autonomías alimentarias de toda la población colombiana. El proyecto ZIDRE plantea también esa frontera como contención a posibles ampliaciones de figuras de protección territorial campesina, étnica y ambiental sobre áreas geográficas del país como la Altillanura, La Guajira, el Urabá Chocoano y La Mojana.

Desde ya, un derrotero de preguntas podría plantearse para las organizaciones y personas que hacen parte de la Cumbre ¿Cuáles serán los mecanismos de diálogo, acuerdo y articulación de los conflictos entre comunidades de la Cumbre para llegar unidos, pero sin imposturas, a la disputa política contra el gobierno? En las tácticas frentistas, que hoy el movimiento socialista colombiano vuelve a retomar, se busca a través de la dirección unitaria de los movimientos, agregar sujetos, actores y factores para el cambio ¿Un momento de cambio profundo de las estructuras rígidas de la política en Colombia, no requiere más bien una lógica de multiplicar y potenciar las luchas, las rebeldías, los inconformismos y las iniciativas? ¿No requiere, pues, de una dirección colectiva más amplia que la que permite la política ya tradicional de la combinación de factores fuertes para dirección? ¿no requiere de mejores tácticas que la del golpe de mano a veces enmascarada de oportunismo de todo matiz? ¿no requiere de una política franca, abierta y desde abajo, más que de una combinación acertada de tintos y acuerdos?

¿Avanzamos hacia las localidades? ¿O avanzamos mejor hacia luchas nacionales? ¿Cómo articulamos ambas maneras de disputar el poder público como ciudadanía? La pregunta es confusa y no debe llamar a engaños. Es preciso instalar un principio, un fundamento y un criterio común: halar para y desde abajo, enraizar la protesta, territorializar la organización; movernos hacia el lugar y momento en que seamos horizontales, en el que los ilustrados no son pedantes, en el que los analfabetas no son ignorantes, en el que los liderazgos no van por lo alto, en el que las decisiones son de todas y para todos. Y particularmente en el ahora inmediato ¿Como pasar de la indignación y de la manifestación, a lucha organizada desde abajo? ¿Cuál plan asumir?

Aquí la declaración completa de Ibagué, tomada de www.comosoc.org



DECLARACION POLITICA DE LA 1ª CUMBRE REGIONAL POR LA PAZ

Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular



Durante los días 29 y 30 de Enero en la ciudad de Ibagué nos reunimos 300 delegados y delegadas de las organizaciones de los departamentos de Boyacá, Cundinamarca, Tolima y Quindío, en la 1ª Cumbre de Paz de la Cumbre Agraria, Étnica y Popular.

Nos encontramos Campesinos, indígenas, afrodecendientes y poblaciones urbanas con nuestras banderas, símbolos, historias, tradiciones y saberes con las esperanza de construir desde la pluralidad y desde la Unidad una propuesta de Agenda política para la paz sostenible y con justicia social. Nos encontramos porque nos unen los sueños, las luchas, las resistencias como pueblos.
Destacamos en este espacio el compromiso del Alcalde de Ibagué, quien reiteró su aporte con la paz de la mano del Movimiento Social y Popular en la instalación de esta cumbre.

· Conforme a lo anterior la 1ª Cumbre por la Paz Regional de la zona centro del país, declaramos que:

· Continuamos fortaleciendo la movilización permanente en pro de desarrollar un Gran Paro Nacional que nos permita avanzar en la materialización de pliego unitario nacional de la cumbre.

· Respaldamos la salida política al conflicto social y armado, saludamos el avance de los cuatro puntos de la agenda de la Habana y la reciente decisión de naciones unidas y de la CELAC para realizar la verificación de Cese al fuego bilateral y el Monitoreo a la dejación de armas. Al tiempo exigimos al gobierno no seguir postergando el inicio de la negociación pública con el Ejército de Liberación Nacional para que construyamos un proceso de paz integral. Proponemos ente contexto de negociaciones que el mecanismo de refrendación debe ser consensuado con la sociedad para la legitimidad de dicho proceso.

· Reiteramos nuestro compromiso de impulsar un dialogo nacional participativo y decisorio frente al proceso de paz que desencadene en un gran proceso constituyente popular y democrático para la paz con justicia social.

· Reafirmamos las diversas propuestas de participación de la sociedad, como las constituyentes por la paz, la mesa social para la paz, la comisión étnica para la paz, los territorios de paz y otras propuestas para que de manera articulada fortalezcamos el proceso de construcción y participación desde los movimientos sociales y políticos.

· Reafirmamos que el proceso de Paz no es posible si continúa la criminalización de la protesta social, la judicialización a los líderes y lideresas sociales, y la privación de la libertad de los prisioneros políticos como los casos de los compañeros Feliciano Valencia, Uber Ballesteros, Miguel Beltrán y los miles que este momento se encuentran las cárceles el País.

· Reconocemos la necesidad de avanzar los lazos de unidad entre el campo y la ciudad como condición indispensable para la construcción conjunta de paz y hacemos un llamado a los sectores urbanos que trabajan iniciativas de Paz a que se sumen a esta propuesta.

· Rechazamos la reciente aprobación de la Ley de Zidres, por estar en contravía de los acuerdos parciales de paz y de los derechos del sector agrario.

· Continuamos trabajando en la defensa de lo público y por eso rechazamos la venta de Isagen y en la región la quiebra de la universidad del Tolima y del Hospital Federico Lleras Acosta. De igual manera denunciamos las políticas neoliberales como la reforma tributaria y el indigno aumento del salario Mínimo.

· Nos comprometemos a impulsar las conclusiones vertebrales de esta cumbre y continuar el trabajo en las regiones para consolidar las propuestas territoriales de paz, articulándonos organizativamente y impulsando una pedagogía popular para la paz.

· Llamamos a todos los sectores a cumplir y desarrollar juiciosamente las apuestas políticas, amplias, unitarias y movilzadoras de esta cumbre para la construcción de una paz democrática, estable y duradera que sea capaz de conquistar el país del tamaño de nuestros sueños.

“Sembramos esperanza y cosechamos país”

VIVA LA CUMBRE AGRARIA, ETNICA Y POPULAR!

VIVAN LAS CUMBRES POR LA PAZ !

VIVA LA MOVILIZACION POPULAR Y EL PARO NACIONAL 2016!

VIVA LA PAZ CON JUSTICIA SOCIAL!