2 de julio de 2013

No hay muerto malo ni niño feo

Gilma Jiménez QEPD


Con este sabio  refrán de la sabiduría popular introducimos el análisis sobre la vida y obra de Gilma Jiménez, no para mostrarla  como la Juana de Arco colombiana como dice Pirry o como la incansable luchadora por los derechos de los niños que pinta el Partido Verde, sino para mostrar su otra cara la de politiquera y oportunista.

Este artículo no pretende burlarse de la muerte de Gilma, ni alegrarse por ello, eso se lo dejamos a los militares que celebran al asesinar guerrilleros y  campesinos inocentes con tal de ganar un permiso, una medalla o en su defecto una felicitación. Más bien este articulo intenta dejar algunas reflexiones sobre la práctica política en nuestro país

En Colombia existen muchas forma de hacer política, como heredar la tradición familiar (Santos, Vargas, Pastrana) hacer alianzas con paramilitares (Kiko Gómez, Piedad Zuccardi ) o simplemente tomar las banderas de alguna causa con impacto mediático, este es el caso de Gilma Jiménez.   

La Senadora Jiménez tomó las banderas de la niñez desamparada y como nadie en este país,  logró hacerse propaganda con ellos, múltiples denuncias que rayaban en el amarillismo se convirtieron en el pan de cada día  con las cuales se vanagloriaba de ayudar a la niñez.

Sin embargo sus acciones se quedaban en visibilizarse a sí misma como defensora, pues a la mayoría de víctimas no se les ha hecho justicia, pero bueno quizás su acción más importante fue la de proponer cadena perpetua para violadores, propuesta que carece de sentido común en primer lugar porque desconoce la actualidad carcelaria del país en la cual se encuentran casos de cárceles con hacinamiento hasta del 300%, en segundo lugar porque pasa por alto el atiborrado sistema judicial el cual muestra que la justicia cojea y en ocasiones nunca llega.

No obstante estas propuestas a pesar de su inviabilidad tuvieron gran eco en la sociedad colombiana, dejando como gran ganadora a la senadora, en lugar de  las víctimas. Lo anterior deja ver como los pajaritos en el aire, los castillos de arena y las promesas incumplidas enceguecen a los votantes colombianos.
Ahora bien murió Gilma y según sus amigos y su partido dejó un gran legado, legado del que ahora todos serán defensores.  Roy barreras quiere crear la comisión Gilma para tratar los temas por lo que luchaba la senadora, el Partido Verde quiere retomar sus banderas y en fin hoy todos son amigos de Gilma y sus propuestas.

Olvidan sus hoy devotos admiradores, que mientras ella hacia pantalla de defensora de la niñez y sus causas, señalaba como culpable de la muerte de Nicolás Neira a su padre Yuri Enrique Neira, argumentando que no debió dejarlo salir a marchar el primero de mayo. Olvidan también que frente a este hecho defendió a capa y espada al Coronel José Javier Vivas quien en ese entonces comandaba el ESMAD y que hoy en día está a punto de ir a la cárcel por el asesinato del joven grafitero Diego Felipe Becerra.

Habrá también que recordarles que Gilma Jiménez fue gran partidaria de las políticas del expresidente Álvaro Uribe Vélez  y que guardó un silencio sepulcral frente a los casos de los falsos positivos en los cuales el ejército asesinó a varios niños para cumplir con sus cuotas de guerra.

¿Será que estos hechos no merecían la misma parafernalia que los demás casos de los que se ufanaba la senadora? O será más bien que estos casos no daban el mismo redito político y por eso más bien había que dejarlos en la penumbra.

Gilma Jiménez ya está muerta, pero sin embargo puede dejarnos una enseñanza a todos los colombianos, el oportunismo político es capaz de tomar todas las banderas sociales para hacerse propaganda, sin embargo no implica que las cosas mejoren, pues lo único que mejorará será la imagen del político.

Por último frente a la muerte de Gilma reafirmamos el inicio del articulo No hay muerto malo, ni niño feo