16 de abril de 2015

Eduardo Galeano -Aunque todos ya lo sepan-

Eduardo Galeano
-Aunque todos ya lo sepan-

Más allá de contar en un libro de más de trecientas cincuenta páginas una realidad muchas veces dada a 
conocer por muchos, Eduardo Galeano  hizo mucho más por las letras de América Latina  y por los latinoamericanos en general, y es que si hubiera que definir a este hombre en una sola palabra el calificativo de revolucionario aplicaría perfectamente para su vida y obra, más allá de una distinción que resulta “Políticamente correcta” cuando una persona notable de la izquierda fallece.
Es que Galeano revolucionó su vida misma y a través de esta  las vidas de muchas más personas. Fue un escritor rebelde, lejos de los círculos literarios del sur del continente que en los tiempos del Boom Latinoamericano se enquistaron en las facultades de filosofía y letras de las distintas universidades. Eduardo Galeano era un obrero de construcción y cuando no lo era, entonces hacía las veces de cajero de banco y en algún tiempo fue mecanógrafo, quizás fue en este último oficio dónde se convenció de su talento para escribir, afortunadamente estuvo lejos de los puristas del estilo y la forma en la literatura, pues seguramente ellos le hubieran reclamado credenciales intelectuales y académicas para aprobar sus textos.
Con 34 años su nombre dejó de ser mencionado en los pasillos de las librerías de segunda de Uruguay y pasó a ser una referencia para la juventud inquieta de américa hasta el día de hoy. Las venas abiertas de América Latina resultó ser eso que la izquierda había intentado decir por tanto tiempo dicho de una manera que resultaba cotidiana, familiar y emotiva para los lectores, este libro con todas las reservas que ha generado en los círculos académicos (esos que nunca fueron buenos amigos suyos) y que el mismo reconoció ha sido hasta el día de hoy una manera de despertar a la juventud para ver la realidad de un continente que se desangra aún en estos días y es que no sería exagerado afirmar que desde 1971 han sido bastantes quienes al haber leído aquel libro han decidido hacer lo más posible para cambiar la historia del continente, para ver a los jóvenes de los días siguientes a los ojos y decirles con la satisfacción que debe generar haber logrado una realidad distinta que las venas abiertas ya no lo son y aquellas páginas son el testimonio de una historia obligada a vivir pero a fin de cuentas superada.
Amaba el fútbol y fue sobre este tema al que dedicó su primera gran obra en 1968, 27 años después escribiría el fútbol a sol y sombra dónde narra con su estilo refinadamente cotidiano de quien ha jugado en el barrio y  ha visitado los más grandes estadios del mundo la realidad bella y trágica de un deporte que mueve los sentimientos más extremos de naciones enteras y que tristemente en su esfera profesional se mueve por tres órganos encargados de hacer negocio, de venderlo sabiamente, de alejarlo del barrio, de las horas libres de estudiantes, trabajadores y gente del común en general sin tener en cuenta que es del barrio, del juego por el juego de dónde salen las grandes estrellas que hacen del deporte que vuelve la pelota una bandera el negocio que ellos quieren acaparar.
Como los hombres del sur que decidieron escribir hizo historia con las letras, pero a diferencia de los otros grandes escritores del continente, no hay un antes y un después de Eduardo Galeano, simplemente fue él, escribiendo para sus futuros amigos, los que aún no conocía. Como hombre políticamente incorrecto habló de lo que nadie se atrevía a hablar, ni la izquierda más comprometida de sus días. Escribió de lo cautivadora que es la cotidianidad, no fue la voz de los que no tenían voz, hizo algo más interesante, ellos se volvieron su motivo de inspiración, el grueso de su obra literaria habla de las reflexiones, romances, dramas y aventuras de cualquier persona que habita este lado del mundo. Y es que al igual que García Márquez, Galeano se dio cuenta que bastaba mirar alrededor en cualquier lugar de América para darse cuenta que su realidad escrita en un libro es casi tan hermosa y conmovedora como cualquier historia concebida en la imaginación de cualquiera.
Con todo y esto, Galeano no sólo habló del continente en que nació y vivió por fortuna y voluntad suya. Habló de Sahara occidental y su calvario del que nadie más habla por no ser este un territorio geopolíticamente trascendente, habló de palestina, habló de la importancia de tomar conciencia sobre una enfermedad silenciosamente mortal como la enfermedad de Chagas. Galeano mostró con sus palabras que era el mundo entero y no únicamente un continente el que merecía atención de todos.

Nunca mencionó la lucha de clases en alguno de sus escritos aunque siempre se declaró un hombre de izquierdas, nunca formó parte de algún partido político aunque siempre tomó partido en todas las situaciones que le incumbían (que eran la gran mayoría). Pero durante más de cincuenta años ayudó a miles de jóvenes que hoy son adultos a ver la vida con otros ojos y a estar un poco más atentos a la cotidianidad, no sólo para cambiarla, también para contemplarla y enamorarse de ella y de quienes la conforman. A pesar de que falleció, durante setenta y cuatro años siempre jugó (Al futbol, al escritor, al periodista, al intelectual) y por eso siempre lo hizo bien, y eso sólo es logro de alguien verdaderamente revolucionario.