10 de octubre de 2013

¿PAREDES BLANCAS MENTES VACÍAS?


Es una pinta famosa en los muros de esta ciudad. Pero no es dable subestimar el contenido de las mentes, no hay mentes sin contenido, más bien hay mentes reprimidas, azaradas por el miedo o por los perjuicios.
¿Miedo a qué?
Miedo a ser captados por las cámaras que con impuestos de nuestro pueblo se instalaron como  mecanismo para afrontar e infundir más el miedo de las personas, para quienes recuerden el proyecto de Manizales Segura, en estos tiempos atroces de la Seguridad Democrática.
Miedo a ser tachado de antisocial o de violento, como si rayar una pared se acercara tan solo un poco a la  violencia cotidiana de los medios de comunicación, que si subestiman la conciencia de las personas, peor aún la manipulan de tal manera que llega a ser tildado de vándalo quien se atreve a decir en una pared lo que los medios de comunicación se empeñan en callar.
Los muros generalmente nos dicen “secretos a voces”.
Otro de los miedos es a la persecución política, es como si para los persecutores una frase o un dibujo definiera  la complejidad que compone la mente de quien valiente o cobarde mente para otros se atreve a rayar un muro.
Miedo a romper los paradigmas de la estética generalizada, como si l@s diseñadores y artistas plásticos fuesen los dueños de la expresión,  como si una persona de a pie, no tuviere la autoridad moral, política y estética para pararse frente a un muro y hacer su pinta.
Cabe recalcar la subjetividad de la belleza, como de los demás valores comunes en la sociedad, el vaivén entre lo bueno y lo malo, lo adecuado y lo inadecuado, y la pugna entre costumbres de diferentes comunidades o entre individuos.
¿Y cuáles son los perjuicios?
Tildar a quien raya o pinta un muro de desviado,  lo cual en los términos actuales de homogenización y normalización del pensamiento es un halago.
Creer firmemente, sin lugar a replica, que el hecho de rayar atenta contra el patrimonio público, cuando se raya una pared de un bien fiscal, con el argumento acertado de que la plata del estado es nuestra y cuesta mucho pintar la pinta para recuperar la normalidad visual de los espacios, que son nuestros, rayados por los nuestros.
Es preciso recordarles a los partidarios de esta apreciación que son más los billones de dinero que se van en corrupción administrativa, y que no es necesario pintar estos espacios y tachar las frases y dibujos, esta es simplemente otra manera de luchar, apropiándonos de los espacios que no detentan otro propietario diferente al pueblo.
Habrá quienes se sientan perturbados visualmente por los rayones, escritos y dibujos en el espacio que consideran como propio, y en este punto,  es preciso hacer un juicio de ponderación entre esta molestia, que constituye reacción al rayón, y la causa original que motivó a quien ejerce su derecho a la libre expresión plasmando su parecer en una pared.

¿Pesa más la perturbación visual o la perturbación de un alma reclusa ensimismada?