16 de septiembre de 2013

40 años de luto, 40 años de esperanza, el pueblo Chileno no olvida



A casi 500 años del “descubrimiento de América”, cuando nuestros ancestros descubrieron que su cultura no era cultura para los demás, que sus dioses eran demonios, que su arte era artesanía, que su desnudez era pecado.
483 años después, cuando América era recorrida por una ola de revoluciones, cuando países como Cuba vivían en el socialismo, cuando en Nicaragua, Salvador, Colombia, Argentina, Chile y muchos países más; la lucha de los pueblos alcanzaba niveles nunca antes vistos, con estudiantes, campesinos, indígenas y trabajadores juntos como una sola fuerza, como un pueblo, luchaban contra las oligarquías de sus países y contra el imperio estadounidense quienes condenaron a nuestra América a ser el patio trasero del mundo “desarrollado”, pero también, soterradamente, el lugar fundamental para recuperarse económicamente después de sus crisis.
En este contexto de opresión y lucha, el pueblo de Chile logró llevar al gobierno al compañero Salvador Allende, militante de izquierda que con una campaña memorable logró derrotar a los partidos tradicionales en carrera por la presidencia de Chile.

En su gobierno, fueron constantes los enfrentamientos entre la clase obrera y los campesinos contra los terratenientes. El marco legal chileno no era suficiente para tomar las medidas que el país necesitaba: democracia, libertad, tierra y trabajo digno, en pocas palabras, la apuesta del pueblo chileno era por el socialismo, y Allende creía que podría llegar a él por medios pacíficos y usando la democracia burguesa que regía su país.
El mismo Fidel Castro, viajó a Chile, visitó todas las universidades del país para hablar con los estudiantes y hacerles ver su papel histórico, el papel de la juventud en el camino revolucionario que Chile había emprendido. Entre muchas de las lecciones que les dejó Fidel, estaba la de NUNCA confiar en la burguesía, nunca...
Allende confiaba ciegamente en su cúpula militar, actitud inocente que luego pagaría con su vida y la de miles de chilenos. La conspiración llevaba mucho tiempo andando.
Desde los Estados Unidos se orquestaba para América la “Operación Cóndor”, que buscaba acabar las lucha populares en América a sangre y fuego, imponiendo dictaduras militares en todos los países de América que con mano dura a su pueblo y con mano artrítica al capital extranjero, ahogara la protesta y volviera los países de América la más descarada apuesta del sistema, el neoliberalismo, donde hasta los derechos fundamentales de las personas, serían una mercancía y un negocio del cual se pudieran lucrar las grandes empresas... y su laboratorio fue el pueblo de chile.

El 11 de septiembre de 1973, con el auspicio de Richard Nixon, la CIA y las fuerzas militares chilenas, es tomada la Casa de la Moneda (presidencia de Chile) y asesinado Salvador Allende, con este acto se concreta el golpe de estado en Chile, no a un presidente, sino a un pueblo. Antes de morir, Allende nunca abandonó su puesto, daba alocuciones por radio constantemente llamando a la unidad del pueblo y a la esperanza:

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”

Mucha agua ha pasado por debajo del puente desde este nefasto día, Chile es el protagonista de una de las dictaduras más sangrientas de América, Augusto Pinochett, dictador de Chile por 17 años, masacró, y tal vez su mayor delito, intentó acabar con la esperanza del pueblo chileno... pero ¡NO!, en 1988 ganó el NO, ganó la juventud y el pueblo chileno cuando en las urnas dijeron NO a la dictadura, no a Pinochett, pues ese no a la represión, es un Sí a la esperanza, un Sí a la rebeldía, un Sí a la dignidad.

Hoy 11 de septiembre del 2013, sentí que no podía dejar pasar esta fecha como si nada, pues hoy no sólo conmemoramos la muerte de Salvador Allende, conmemoramos el ataque a todo el pueblo americano, toda la sangre derramada, todas las dictaduras impuestas. Pero a pesar de las adversidades, no olvidamos nuestros muertos, ellos son parte de ese combustible que todos los días al levantar nos hacen tener la certeza de la necesidad de la transformación del mundo, de la necesidad de la esperanza y sobre todo, de el papel de la juventud, de convertirnos todos y todas en los héroes que el mundo hoy necesita.
LOS MUERTOS DE CHILE SON LOS MUERTOS DE TODO AMÉRICA, Y LOS VENGAREMOS

¡¡Por nuestros muertos ni un minuto de silencio, toda una vida de combate¡¡ Nota enviada por un reportero rebelde desde Bogota!