10 de septiembre de 2013

¿Qué otra opción hay para la salud?

 Cada vez crece más la población que consulta a un médico alternativo para combatir sus dolencias, enfermedades crónicas y hasta terminales, con una fuerte esperanza y fe en la efectividad de los procedimientos –se observa un crecimiento hasta del 40% de la población en Colombia que alguna vez en su vida ha acudido a un homeópata- y aunque bajo los métodos de la medicina clásica no tiene explicación, son muchos los resultados satisfactorios que ofrece la homeopatía (alrededor del 90% de satisfacción después de acudir, con el resultado obtenido); a esto se le ha dado tal importancia que la jurisdicción Colombiana tiene unos mínimos reglamentados para quien ejerce la medicina alternativa.
Desde 1962, con la ley 14 se reglamenta que la homeopatía es una forma de aplicar la medicina, por lo cual sólo la puede ejercer un médico profesional. En 1976 se crea la asociación médico-odontológica homeopática de Colombia y en 1999 la asociación médica homeopática de Colombia. Para 2011 se avala por el ministerio de educación a la Fundación Universitaria escuela colombiana de medicina homeopática, como una IES, lo que da cuenta de que la homeopatía en Colombia ya tiene historia y su relación con la medicina occidental no es lejana; tanto así que las corrientes más ortodoxas aceptan a la homeopatía, considerando más su efecto como un placebo que como una cura eficaz.
Sin embargo, la gran pregunta frente al buen o mal resultado de consultar a un homeópata no es por qué el tratamiento sirve, sino qué falla en el accionar convencional que hace que la gente o complemente su tratamiento con homeopatía o recurra a dejar de tajo al médico de la EPS, y resulta que la pregunta se dificulta más si pensamos en términos de la culpabilidad o no de este accionar.
Algo clave para analizar esta situación se encuentra en la saturación del sistema y en el cada vez más mediocre modo de atención. La persona, en muchas ocasiones, prefiere optar por la medicina prepagada que, a pesar de su alto costo, se preocupa más por la historia del paciente. Otro factor está en el escaso contacto por la situación personal y afectiva del paciente fruto de la carga laboral de los médicos y también de una visión basada sólo en las ciencias biológicas, contrario a la homeopatía donde lo biológico y lo emocional-energético son dos caras de una misma moneda. Otro está en el limitado acceso a diagnósticos especializados y tratamientos distintos al analgésico (ibuprofeno-acetaminofén), resultado de la ambiciosa lectura de las EPS que niega lo que más se puede un tratamiento, nuevamente contrario a la homeopatía donde lo mejor a optar es una elección del cliente, quien ve si lo puede pagar. Del mismo modo, aunque la ciencia avanza mucho, es claro que las industrias farmacológicas con intermediación del sistema llevan a la población a una drogo-dependencia, en contraste con la homeopatía que alude primariamente a un hábito de vida saludable.

Por otro lado es claro que la salud en el mundo ha cambiado. La medicina que no tiene que enfrentarse mayoritariamente con heridos de trauma y enfermedades fulminantes sino con enfermedades crónicas costosísimas de sobrellevar, convive atada de manos por su sistema de salud y a pesar de la efectividad que muestra la homeopatía está claro que sigue siendo un placer restringido para quienes se ponen la mano en el bolsillo. Atender las necesidades de la población es una prioridad del médico, pero en las actuales condiciones del aprendizaje-ejercicio- relación profesional/paciente, acompañado de un sistema precario que sigue viviendo en el siglo pasado, este derecho está en crisis para las mayorías en Colombia. Es necesaria una total revaluación de los métodos y contenidos, así como la exploración de métodos complementarios desde una mirada científica y que se incluyan en el paquete que ofrecen las actuales EPS –TAL COMO SUCEDE EN OTROS PAÍSES- con una lógica preventiva y de auto-cuidado que permita involucrar a los pacientes, no solamente tener fe ciega para después decepcionarse (en el 60% de los casos sucede) de su contacto con los hospitales.