30 de agosto de 2012

Historia de una toma, de sueños juveniles y derechos estudiantiles defendidos


Muchas veces, en nuestra sociedad, a la juventud se la menosprecia. Se le prohíbe muchas cosas, se le arrebata de las manos otras tantas. Cuando ella ama, se le llama inmadura; cuando sonríe, se le nombra conspiradora; cuando se anima a luchar y tener fe en lo imposible se le llama estúpida y sinvergüenza. Y esto es como aire que se respira en la vida cotidiana, que cuando se es joven y estudiante a la vez, la cosa se empeora.


El pasado martes 28 de agosto, estudiantes y jóvenes del colegio distrital estrella del sur (CODES), colegio ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar de Bogotá, decidieron bien tempranito, dejar las cobijas y la dormida a un lado, tomarse un tinto y dirigirse a su institución con el anhelo de tomarse su colegio y exigir que sus derechos estudiantiles se les respetara. Desde las 5:30am, en el colegio rondaban ya gritos y alegrías juveniles, pero no las de siempre, de esas que está acostumbrado a recibir cotidianamente, sino que esta vez se tornaban de color rebelde, de colorante de protesta.

Las causas que llevaron a que los y las estudiantes de la jornada mañana de grado 11 del colegio se lo tomaran desde horas de la mañana, y que empezaran a agitar sus problemáticas fueron muy claras, y que la pared de la entrada de la institución las relucía a la toda la comunidad desde el cartel que las contenía. Los y las estudiantes, sabiendo el panorama sobre la calidad académica, sobre el tema de infraestructura y condiciones laborales y sobre el ambiente de antidemocracia que la rectora del colegio había venido implementando desde hace 3 años en el colegio, decidieron visibilizarlas al conjunto de la comunidad:

Ellos y ellas, al ver que los deberes y derechos que tenían en la institución (más deberes que derechos) eran dados por un manual de convivencia que no era producto de una construcción colectivamente, ni que respondía al conjunto de la comunidad; que día tras día eran impuestas por las directivas conductas practicas que buscaban fomentar una educación para el trabajo, de “respeto a los superiores” y de “ceñirse a la norma”; que no existen espacios para que el conjunto de los estudiantes participen en el debate y en la construcción de un ambiente escolar diferente, de una escuela acorde a las necesidades que tienen los profesores, estudiantes, trabajadores y el conjunto de la sociedad; al ver que innumerables ocasiones se habían esforzado para que las directivas escucharan sus problemáticas y propuestas, y que no obstante se les desconocía su capacidad crítica y propositiva; al ver que se les fue arrebatadas sus jornadas culturales y deportivas; que encontraban que no había igualdad de condiciones entre los y las estudiantes de la jornada mañana y de la jornada tarde; por esto y mucho más decidieron ocupar el plantel educativo hasta que lo que exigían y mandataban fuera escuchado, aprobado y solucionado inmediatamente.

En la toma exigían hablar con la secretaría de educación y con la misma rectora para que les solucionara los problemas que intestinalmente estaban viviendo desde hace varios meses. No obstante, durante el tiempo en el que la toma se llevó a cabo, el colegio estaba siendo continuamente vigilado y transitado por patrullas de policía, que desde muy temprano les había dicho a los y las estudiantes que “no busquen que les traigamos la tanqueta y les saquemos el bolillo”. Ante estas amenazas, la toma y los estudiantes siguieron firme.

Alrededor de la una de la tarde, la secretaría de educación aparece en la institución e inmediatamente comienza el dialogo entre estudiantes, directivas y secretaría, el cual busca llegar a unas soluciones prácticas y que lo mandatado y exigido por los y las estudiantes se hiciera realidad:

  • ·         Igualdad de participación.
  • ·         Comunicación con las directivas sobre las necesidades del colegio.
  • ·         Retoma de las actividades culturales y deportivas.
  • ·         A partir de esta protesta no habrá ninguna medida disciplinaria, sanción o expulsión.

El dialogo termina pasadas las 5 de la tarde, en donde los mandatos estudiantiles son respetados y aceptados por las directivas, en tanto que los y las estudiantes dejaran la toma a las 11 de la mañana del miércoles 29 de agosto, de lo contrario, las exigencias no serían puestas en marcha por parte de la rectora. Siendo esto así, después de más de 30 horas de resistencia y de lucha estudiantil, de aguantar frío, de soportar la represión psicológica que les había hecho la policía, de inagotables gritos y alegrías, los chicos y las chicas del CODES han logrado germinar una sonrisa y una victoria más para la rebeldía estudiantil y los derechos estudiantiles, esperando con ansías que las directivas cumplan su parte de solucionarle lo que ellos y ellas mandataban. Mandatos que se contraponían al carácter de las medidas homogenizantes, normativas y antidemocráticas, que ha venido desarrollando el sistema educativo colombiano por medio de rectores sin escrúpulo, que lo que hacen es adaptar a una realidad de explotación a la juventud.

De la experiencia anterior, queda grabada una cierta conclusión en la memoria: A los jóvenes muchas veces nos tildan de “rebeldes sin causa”, dicen que nuestras actitudes son propias de la edad, que el querer cambiar la sociedad es un sueño pero que a medida que vayamos creciendo se nos irá quitando. Hay algo cierto, y es que si somos soñadores y soñadoras, que si queremos cambiar esta sociedad, porque tal cual lo decía el comandante che Guevara, La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud. Pero hay que recordar algo, joven es aquel o aquella que no se le han arrugado los sueños, son jóvenes nuestros papás que sueñan, nuestros abuelos, trabajadores, profesores que sienten en el latir de su corazón que algo está mal; joven somos todos y todas que tenemos la fiel convicción de ser realista y de hacer lo imposible. Y hoy, semejante ejemplo que nos dan los y las estudiantes del CODES.
Sin duda, a pesar de las condiciones, nos place saber que esta generación cada día tiene menos miedo de enfrentar a su enemigo, de reconocer que el conocimiento nos hace responsables, y que por ello, debemos trabajar para hacer de la teoría y la práctica una sola cosa, un solo discurso y un solo accionar, hacer del estudio nuestra lucha y de la lucha nuestra vida, que y hoy con más fuerza sigue gritando:

¡A estudiar y luchar por la Liberación Nacional!