27 de junio de 2013

La Libertad de Expresión a partir de la construcción de lo Público


PONENCIA DE LA MESA AMPLIA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL EN EL FORO LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN LA UN

Como Mesa Amplia de la Universidad Nacional – MAUN queremos saludar este espacio
agradeciendo la oportunidad que se abre para discutir un tema tan importante para la
Universidad Nacional de Colombia, dada su actual condición de crisis. Es para nosotros y
nosotras un gusto poder discutir ámpliamente el carácter y el sentido de lo público.
Partimos de un marco conceptual y de acción que para nosotros y nosotras es fundamental:
lo público es lo común, ya que se trata del entramado de relaciones sociales que definen y
realizan los derechos y el bienestar colectivos. Pero además, si lo público es lo común,
entonces le es inherente un carácter diverso, teniendo claro que esta diversidad no está dada
por una supuesta sumatoria de individualidades, sino por el carácter social inherente a la
humanidad, cargada de múltiples formas de relacionamiento, entre ellas, las
conflictividades. Finalmente, el paso de la diversidad a lo común está mediado por una
única práctica que es, simultaneamente, su condición necesaria: la democracia. Única y
necesaria porque de ella depende que lo público, lo común, sea un proyecto colectivo.
Es por lo anterior que, en múltiples ocasiones y en diversos escenarios, hemos insistido que
el carácter colectivo de lo común choca con la idea formal de lo público como el resultado
de la suma de voluntades y expectativas individuales. Lo público, entendido como lo
común, nos lleva a la superación de criterios individualistas a través del encuentro de
mínimos comunes de acción que nos permitan construir y defender, legítimamente, el
interés general.

Como consecuencia de dicho marco conceptual, podemos entonces ubicar tres dimensiones
de lo público como proceso común. Primero, su dimensión histórica, pues es un proceso en
constante construcción, condicionado por el momento social y por los actores que lo
componen. Segundo, su dimensión política, en tanto su idea y su realidad expresan un
proyecto político de sociedad, es decir, el cómo se entiende y se lleve a cabo lo público es
reflejo de un tipo de sociedad y, a su vez, el tipo de sociedad es proyección de la
concepción de lo público. Tercero, su dimensión práctica, que se sintetiza en la siguiente
pregunta: ¿cómo y quiénes construyen lo público?

Este es nuestro marco general de cómo entendemos y ponemos en práctica el sentido y el
carácter de lo público en la Universidad Nacional. Pero nos falta un elemento tan
importante como concebir lo público como común, y se trata de lo real, es decir, para hablar
hoy de lo público en nuestro campus debemos hablar de su pérdida. Para nosotros y
nosotras, como MAUN, abrir la discusión frente a lo público debe partir necesaria y
urgentemente por ubicar la pérdida de lo público en la Universidad.

Hoy es evidente que lo público se desdibuja en el marco de una idea de país determinada.
La premisa del mercado como regulador de la sociedad, de lo común, se evidencia en la
idea gubernamental del mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea
necesario. Esta premisa ha sido la que ha reorientado, y sigue reorientando, la discusión de
lo público en su relación con el Estado y, por tanto, de las responsabilidades de éste con la
Universidad Nacional. Esta lógica ha cedido lo público, lo común, al mercado, o, para ser
más precisos, el mercado con su lógica a usurpado lo público: educación, salud, vivienda,
tierra, conocimiento, semillas, agua, genómica, etc. Lo público, lo común, expresado en los
derechos sociales, lo determinan la oferta, la demanda, la rentabilidad y la eficiencia. Hoy
ya no nos podemos referir al sujeto de lo público, sino al cliente de lo “público”.
Para el caso de la educación, este hecho es visible en el cambio de esquemas a la
financiación de la educación superior, donde la sinergia entre instituciones y modalidades
cede a la competencia por recursos para que las mismas puedan seguir existiendo, o la
financiación se desplaza de las instituciones a los clientes mediante la figura del crédito o
subsidio a la demanda. Esto desdibuja la autonomía universitaria, como presupuesto
específico y fundamental de la Universidad, pues el construir conocimiento y alternativas
colectivamente para el conjunto de la sociedad, queda supeditado por la búsqueda
permanente y frenética de recursos propios. Así, lo público, lo común, deja de tener una
función social general, y la Universidad asume lo público de manera particular, individual,
restringida a las expectativas de los consumidores (estudiantes) y de sus beneficiarios
(empresas, Estado).

Pero, ¿qué hacemos nosotros y nosotras, como MAUN, hablando de lo público como lo
común y su pérdida, en un foro sobre libertad de expresión? Pues bien, ya que el vehículo y
el garante de lo común es la democracia, de esta última es parte integrante la libertad de
expresión, y en nuestro contexto, la Universidad Nacional, así como en el resto del país,
específicamente debemos hablar de la pérdida de libertad de expresión.
En la Universidad Nacional, la pérdida de la libertad de expresión se puede ver en el
condicionamiento institucional para el acceso real de los sujetos que integran lo público, lo
común, a los medios y canales comunicativos de la institución. Los medios de
comunicación existentes no están al servicio del sujeto de lo público, que en nuestro caso se
trata de la Comunidad Universitaria. Los medios no son su voz, no son los comunicadores
de sus proyectos, no son los comunicadores de sus necesidades, solo son la voz de la
institucionalidad y de aquellos que se ajusten a sus parámetros. Ni Prisma-tv, ni UN-radio,
ni Carta Uiversitaria, ni UN-periódico, ni el portal web, expresan la situación universitaria,
no hablan de la crisis, no hablan de las necesidades y problemáticas de los estamentos que
componen la Comunidad Universitaria. Son la voz exclusiva, es decir, excluyente, de una
institucionalidad cada vez más ajena a la Universidad misma, que es cada vez más
gubernamental.

Por ello, la Comunidad Universitaria, especialmente el estamento estudiantil y laboral, han
recurrido a la apropiación de otros mecanismos que les permita recuperar y visibilizar su
expresión, su libertad de expresión.

Reconocemos de forma autocrítica que muchas veces estas formas de apropiación para la
defensa del carácter público de la universidad se ejercen desde una perspectiva también
individualista o particularista, en la que muchas veces prima pintar los salones hasta no
dejar un solo rincón con los nombres de las organizaciones, pensando en posicionarse en la
referencia de los y las estudiantes priorizando el yo por sobre lo colectivo.

Por otro lado reconocemos que también existe una suerte de autoritarismo por parte de las
organizaciones. Esto lo podemos ver manifestado de dos formas. Primero, en ocasiones las
formas de expresión de la Comunidad Universitaria se convierten casi que en órdenes que
le dicen a quien las lee que debe hacer y no se abren los temas con la intención de invitar a
reflexionar y pensar sobre los mismos. En segundo término vemos que muchas veces hay
una separación de las formas y los contenidos, donde no existe mucha preocupación por
cómo se exponen las cosas pues se supone que por ser correctas la forma es una cosa
secundaria.

No obstante a esto, la Comunidad Universitaria históricamente ha generado formas
artísticas y culturales con importantes desarrollos en medio de la falta de democracia y la
ausencia en la libertad de expresión. Muchos son los grupos de teatro, colectivos
muralistas, caricaturistas, etc. que existen y han existido en medio del activismo de la
Universidad Nacional. Producto de estos desarrollos ha habido para el país importantes
aportes en materia artística y cultural cómo la Escuela Nacional de Caricatura de cuya
construcción hicieron parte activistas estudiantiles, entre otros ejemplos.

Los mejores desarrollos en este sentido han sido propuestas profundamente
transformadoras que con muchísimos colores e impregnadas por todos lados de alegría
creadora distorsionaron la normalidad y la cotidianidad de los espacios. De este entusiasmo
revolucionario debe beber el movimiento universitario hoy. Ir en contra de sus propios
dogmas y recrearse permanentemente como lo viene haciendo a distintos ritmos desde que
existe.

Tanto este proceso de apropiación como la construcción global de libertad de expresión lo
vemos desde una concepción en la que al centro del sujeto del derecho se encuentra el
colectivo y no el individuo.

La conquista de la libertad de expresión debe superar la idea de que uno es tan libre de
dañar las pintas, como el que inicialmente la pintó pues en esta idea supuestamente la
libertad de expresión existe y supuestamente el sujeto de ella es fulano o fulana.
La superación de esto debe llevarnos a pensar que el sujeto principal del derecho a la
libertad de expresión debe ser la Comunidad Universitaria. Parados sobre una concepción
colectiva de los derechos.

Queremos resumir nuestro aporte a la construcción de libertad de expresión en dos cosas:
- Democratización del acceso a los medios de comunicación de al interior de UN.
- Oxigenación, replanteamiento y diversificación de las formas comunicativas de la
Comunidad Universitaria.

Frente a la construcción de lo común queremos ante todo partir de la siguiente afirmación:
nosotros/as somos defensores de lo público, y por tanto luchamos por ello. Normalmente
por lo público se entiende lo que nos pertenece a todos pero a ninguno, es decir, lo que le
pertenece al Estado. Sin embargo, el Estado no es ni representación ni construcción de
todos/as, sino que por el contrario, se encuentra ajeno las necesidades y aspiraciones de la
población, es un ente totalmente diferente a todos, por tanto, creemos que la defensa de lo
público no es la defensa de la propiedad del Estado en sí mismo.
Para nosotros y nosotras, lo público hay que defenderlo para la construcción de lo común,
lo que se construye a partir de la subjetividad colectiva y de las necesidades que, en este
caso, como sector estudiantil tenemos. Por eso creemos que la Universidad nos pertenece,
no sólo a nosotros como estudiantes, sino a toda la Comunidad Universitaria y debe
pertenecer a los sentires y las necesidades de los diferentes sectores del pueblo. Esto es la
construcción de lo común.

Por tanto, cuando nos planteamos la defensa de lo público, lo hacemos partiendo de la
construcción y apropiación de lo común, del campus universitario y de las relaciones que
en él se dan. Entonces, ¿qué es la propiedad común? La propiedad común es una propiedad
pública que, en lugar de tener patrones públicos o dueños públicos, es propiedad de sujetos
activos y es administrada-organizada por ellos, por tanto nosotros construimos Universidad
entendida como territorio común, y además, con la pretensión y la lucha incesante de que
seamos nosotros/as como comunidad, las que definamos el rumbo de la Universidad, su
sentir y su carácter.

Al referirnos a lo común entonces, hablamos principalmente del ejercicio de los sujetos y
las formas en las que estos apropian su territorio. En la Universidad, el movimiento
estudiantil históricamente ha utilizado diferentes formas de apropiación del campus, las
jornadas culturales, las diferentes movilizaciones, las pintas, los murales, etc.
Estas formas son expresiones de la necesidad de constituir la comunidad universitaria como
el actor colectivo que define el rumbo de este, el espacio público-común. Por eso,
consideramos que las diferentes formas de manifestación y expresión política que ha
asumido históricamente el movimiento estudiantil, tienen como objetivo la apropiación y la
construcción de lo común. Por último, enfatizamos en que el carácter de la educación (no
entendida de una forma reducida a la academia, sino a la educación como relación
constitutiva de la sociedad) debe ser un bien común, en la medida que el conocimiento y la
educación como sus contenidos sustanciales son el resultado histórico y acumulado de las
prácticas sociales de la comunidad humana, por consiguiente, es inapropiable por los
particulares o por las entidades del Estado y no puede ser objeto de intercambio mercantil,
definición que le da la MANE en la propuesta de articulado de ley de educación superior.
Defendemos lo público a partir de la apropiación del territorio, de la construcción de lo
común, los murales son un elemento de ello, aunque no es lo único que lo define. Hacerlo,
es parte de la defensa de lo público, no de la transgresión de las propiedades del Estado,
sino de la construcción de las propiedades comunes de la comunidad universitaria.
Consideramos de suma importancia en esa defensa de lo público avanzar hacia una
concepción colectiva de los derechos. Debemos dejar de considerar que el problema es "mi
libertad de expresión" o "su libertad de expresión", para empezar a pensar que el sujeto
principal del derecho no es el individuo sino, en este caso particular, la Comunidad
Universitaria. Nos hacemos llamar comunidad universitaria y esto se debe ver reflejado en
las luchas constantes por el goce efectivo de estos derechos. Tenemos que trascender la idea
de "derechos individuales", ya que sin el reconocimiento del otro como parte esencial de
nuestra vida y desarrollo no se puede avanzar en la búsqueda de un bien común, y de la
reivindicación de lo público.

Por último decir que la crisis que hoy vive la universidad (que más que ponerla en ideas
elevadas hoy se ve desafortunadamente en lo más cotidiano), requiere tanto de una CU
cohesionada y no dividida como está hoy, como de la diversidad de la que esta compuesta
la universidad para que las distintas expresiones y posiciones que existen confluyen en lo
que a todos nos debe ser común: la idea de una Universidad Nacional con excelencia y de
cara al país.