18 de octubre de 2012

CLASE MEDIA , BUEN COMPORTAMIENTO Y MORAL PÚBLICA PARA LA UNIVERISDAD QUE “QUEREMOS”.





EL SIGUIENTE ARTÍCULO FUE ENVIADO POR CRISTIAN CASTAÑO  PARA LA CAMPAÑA REPORTAJE REBELDE. ENVIANOS TUS ARTÍCULOS A reportajerebelde@gmail.com 

¡Todavía tenemos el ideal de finca en nuestra cabeza!
Lxs estudiantes preferimos no mezclarnos con esa turba de bribones que rompen las ventanas del honesto negocio de Luis Carlos Sarmiento, aquel adalid de ilustrados que parió la Universidad cuando era de la "gente de bien". Preferimos no juntarnos con esa masa repugnante de mechudos y piojosos que no saludan ni le muestran el carné al celador, que se encapuchan, que escupen arengas odiosas y resentidas, ¡uy no, qué peligro por Dios!, ¡Cómo quieren que les den educación si mire cómo se comportan! 

Benditos y añorados tiempos aquellos en los que la gente de capa era la que recibía las oficinas con sillones de cuero del Estado, cuando el “buen hacer” era la regla para las recompensas a esas joyas de las familias bogotanas, esos muchachitos que consumían la mejor literatura, que se embebían en la lectura de los poemas de Homero y de Virgilio, que recitaban pasajes completos de Lope de Vega, que estudiaban Derecho y que eran personas de "buen entendimiento", quienes con la oratoria magnánima reducían multitudes bárbaras como con cantos de sirena. Esos piojosos inmundos que salieron a marchar hoy, ¿cómo reclaman educación si no saben respetar la gente inteligente, la gente próspera y bendecida por el favor de Minerva?, qué educación van a querer recibir eso hijos de placeras, lichigos y tenderos de barrio con barriga pocholera. Esos lo que buscan son excusas para sacar a relucir su odio contra la gente decente, para sumergirse en esa ola de éxtasis ácrata e indignante que los hace tan felices. ¿Qué pasó con el Búho de Greiff?, ¿qué fue de aquella ciudad blanca de paredes diáfanas e impolutas en la que estudiaron las jóvenes esperanzas de los partidos históricos?....

 Moraleja: Hay que comportarse bien para exigir educación, respetar al patrón , a nuestro benefactor.... esa es la mentalidad de finca que se incrusta en los corazones modernos y posmodernos del joven estudiantado colombiano, ostentoso de su saber pero embarazado de por vida, repleto de suntuarios conocimientos; un estudiantado en cinta que nunca llega a parir nada, a parte de exclamaciones de admiración en las discusiones inútiles e hidalgas que se fraguan en las cafeterías derruidas por la humedad, por la falta de mantenimiento y de financiación que destruye la Universidad. Esos focos cibernéticos de la reacción (como me hizo notar un querido amigo) que se encuentran en Facebook  y que se burlan de las actuaciones “vergonzosas de los mamertos de la U. pública”, son la muestra de esa mentalidad de clase media que existió en la Alemania de Bismarck , que se pretendía burguesa pero que quería títulos de nobleza; una muestra de esa mentalidad mediocre, mentalidad de iglesia, propia de monaguillos o de Santo Domingo sabio, el niño santo que se dice que se percignaba cuando en la calle alguien gritaba una grosería. 

 Esas páginas y espacios (legítimos por supuesto) son focos de expresión de eso hijos de mami que les iba bien en el colegio, que sacaban buena nota, que no prestaban la tarea, que se destacaban por su incansable trabajo, que seguían las reglas, lambones con las directivas, aquellos exmiembros del coro de la iglesia que sentían un profundo deseo de justicia y que regalaban mercaditos en nombre de Dios. Esos son los estudiantes que arguyen cosas ridículas contra los encapuchados que rompieron vidrios en la marcha, que pintaron la ciudad de feos colores. Estudiantes con mentalidad de peones, que se juegan el honor y el prestigio, que se comportan bien y son prudentes para recibir recompensas trascendentales, niños y niñas educadxs en la prudencia, que como advertía Carlos B. Gutierrez en una conferencia sobre Heidegger, es una palabra que en colombiano significa “hipocresía oportunista”. Peones listos para la reacción y para la denuncia de los atentados a la buena moral pública; esos son lxs estudiantes de la mejor Universidad del país, que se deshacen de risas en los comentarios de las fotos de ciertas páginas  que, aunque divertidas e ingeniosas, sólo refuerzan los prejuicios contra la Universidad pública en la que estudian, Universidad que no hace méritos para ganarse desprecios tan anacrónicos como los que esgrimen los pensionados que se ruborizan frente a las arengas que cantamos en la séptima subiendo  a la plaza de Bolívar.